Carlos Andreu es profesor en universidades españolas y latinoamericanas, dirige su propia consultoría y además es autor del libro Del Ataud al Cometa. Con un perfil tan polivalente estamos seguros que vamos a aprender mucho de él con esta entrevista.

Entrevista a Carlos Andreu Pintado:

Gran parte de tu experiencia es como profesor. ¿Crees que la educación está preparando y formando para el mundo laboral actual o es necesaria una reforma?

Quizá la formación profesional esté más adecuada al mundo actual. Sin embargo la Universidad parece bastante alejada del mismo. Me gusta decir que la Universidad se fundó hace casi 600 años y el primer día hicieron una cosa y llevan 600 años repitiéndola. Y el mundo ha cambiado mucho.

La Universidad se fundó hace 600 años. El primer día hicieron una cosa y llevan 600 años repitiéndola Clic para tuitear

Ojo, tampoco podemos caer en renunciar a algunas cosas que el modelo tradición de educación establecía, y que ahora parece que hay que cargárselas (ejercitar la memoria, trabajar mucho, esforzarse con las tareas…) pero si que es cierto que el mundo actual requiere de nuevas competencias que la educación no ha terminado de incluir (hablar en público, gestionarnos a nosotros mismos, nuevas fórmulas de aprendizaje, nociones básicas de economía familiar, de tecnología…).

Creo que por tanto que sería bueno eliminar algunas cosas superfluas de “lo clásico” y añadir novedades que la vida moderna nos requiere.


Y otra pregunta que puede ser más complicada. ¿Crees que el sistema educativo debería enseñarnos a buscar la felicidad?

Bueno, esta es más fácil. Sin duda. Nadie fracasará en este mundo por no saber usar la Excel o por no saber gestionar una cartera de clientes. La mayor parte de los fracasos de la vida, si no todos, son problemas personales: que te estalle la vida. Que no sepas gestionar un fracaso, o un triunfo, o una relación complicada. Nuestros fracasos son siempre emocionales. Los racionales los superas aprendiendo, con técnica…

Nadie fracasará por no saber usar la Excel. La mayor parte de los fracasos de la vida son problemas personales Clic para tuitear

No estamos preparados en absoluto para superar las fallas emocionales que la vida nos presenta. En Harvard el curso más demandado por los alumnos es uno en el que te enseñan a gestionarte a ti mismo: qué objetivos tienes, qué quieres hacer con tu vida, cuál es tu misión, tu visión, tus valores; cuáles son tus competencias más básicas y cómo vas a gestionarlas; qué puntos fuertes puedes ofrecer al mundo, y qué áreas de mejora vas a seguir desarrollando… Para todo esto nadie nos enseña. Y es la clave de la felicidad: tener un por qué estar en este mundo y conocer si nuestras capacidades nos permitirán alcanzarlas.

Mucha gente vive sin objetivos. Sin objetivos vitales me refiero. Saben que tienen que vender no sé cuántos mil euros a la semana, o que entregar tal proyecto en tal fecha; pero no saben lo que quieren hacer con su vida. No saben cuál es su verdadera “vocación”. Y no sólo no lo saben sino que nunca se han parado a pensarlo ni saben cómo hacerlo.


En tu best seller, “Del Ataud al Cometa”, hablas de la búsqueda de la felicidad. La mayoría de los estudios indican que un empleado feliz y motivado va a rendir más que uno desmotivado y amargado. ¿Por qué muchos directivos siguen obviando esto? ¿Por desconfianza o porque es difícil ponerle un valor económico a la felicidad de los empleados?

Recientemente se ha publicado un informe en el que se remarca lo que dices. Adecco ha hecho un estudio sobre la felicidad de los empleados españoles y destaca que la mayoría estaría dispuesto incluso a cobrar menos por ser más feliz.

Las organizaciones empresariales están muy centradas en el corto plazo. Y muchos directivos también. Y el corto plazo no nos ayuda a pensar en la felicidad, sino en los resultados: semanales, trimestrales… La felicidad nunca dependerá de lo que tengamos sino de lo que somos, por eso es imposible ponerle un valor económico.

Sin embargo, los directivos deberían ser conscientes de que su principal función es la de desarrollar a sus equipos, desarrollar a su gente. Y eso es muy potente. Eso es una misión muy importante. Como directivo, tú pasarás a la historia cuando alguien pueda decir “este sacó lo mejor de mí mismo”. Y eso dejará huella. No pasarás a la historia por haber ganado un punto más de cuota de mercado. Pero el problema es que hay que nadar contra la corriente del cortoplacismo que las organizaciones nos imponen.

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Según la psicología positiva, una de las cosas que nos motiva y nos hace felices es tener una sensación de progreso, ver como crecemos, cómo mejoramos, y cómo somos capaces de superar retos. ¿Crees que las empresas se preocupan lo suficiente por el crecimiento profesional de sus empleados?

Ciertamente no se preocupan mucho, salvo excepciones, claro. Pero también debemos ser conscientes de una cosa: esta es nuestra responsabilidad. Nuestra felicidad, nuestro crecimiento profesional, o nuestro crecimiento personal son cosas que están bajo nuestra esfera de influencia. Dejarlo en manos de nuestras empresas es “abdicar” de ellas. Nuestra motivación no puede depender de nuestro jefe. Como decía Gila, hay que venir motivado de casa.

Yo digo que sería bueno que las empresas simplemente pusieran en sus empleados “la semilla” del cambio y del crecimiento. Que todos los empleados fueran conscientes de esa necesidad, pero que cada uno “se buscara la vida” para alcanzarla. Y para que la empresa nos ofrezca retos y progresos antes tendremos que estar preparados, formados y hacernos sabido mover bien por sus vericuetos para que cuenten con nosotro

Entrevista a Carlos Andreu Pintado


El 79% de los empleados que abandona una empresa lo hace porque siente que no se le reconoce lo suficiente su trabajo y su esfuerzo. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo es posible que algo tan sencillo como reconocer el trabajo de los empleados y con unas cifras tan alarmantes se siga dejando de lado?

En realidad la gente no se va de su empresa. Se va de su jefe. Y esa es la clave de lo que me comentas. Como te decía antes, es un problema del cortoplacismo en el que vivimos inmersos. Nos puede más la cuenta de resultados de este trimestre que el dejar una huella en nuestro mundo, en nuestro equipo, en nuestra gente. El reconocimiento a los demás es algo básico para el desarrollo de las personas. Pero eso no se enseña demasiado, ni en el cole, ni en la Universidad, ni en muchas escuelas de negocios.

En realidad la gente no se va de su empresa. Se va de su jefe. Clic para tuitear

Creo que tenemos que cambiarnos las gafas. Hasta ahora usamos unas gafas de “te pillé”. Cuando “pillas” a alguien, es que le has pillado haciendo algo mal. Deberíamos aprender a pillar a la gente haciendo las cosas “bien”. Y eso nos ayudará a reconocer a nuestra gente, a que se sientan valorados, a que aporten más y a que sean más felices.


¿Si un empleado no es feliz en su empresa debería abandonarla?

Bueno, antes sería bueno que se preguntará por qué no es feliz. Mira, cuentan que en la Edad Media una persona iba paseando por una ciudad por la calle donde estaban los canteros trabajando. Había tres hombres en el suelo picando piedra. Preguntó al primero qué estaba haciendo y respondió: “Ganándome el jornal”. Preguntó al segundo lo mismo y le respondió: “Estoy cortando la piedra más lisa, más brillante y sin aristas que jamás se haya cortado”. Le preguntó al tercero: “Estoy construyendo una Catedral”.

Sin duda alguna, el tercero era el más feliz, porque su vida, su trabajo, tenía un propósito. ¿Esa actitud se la había explicado la empresa o era suya?. Pues por ahí van los tiros… Si no eres feliz ¿por qué no lo eres? Sin duda puede ser porque en la empresa en la que estás no se te valora, o se piensa demasiado poco en el largo plazo, y ahí puede que no estés cómodo. Sin duda, entonces deberías replantearte tu continuidad en ella.


Y ahora pongamos el caso de alguien que deja un puesto de trabajo para montarse una empresa por su cuenta y hacer aquello que realmente le gusta y de la forma que a él le gusta. ¿qué le aconsejarías en los primeros momentos (que suelen ser los más duros)?

Incluso antes de los primeros…. Que piense mucho en el “salto”. Que se rodee de gente positiva, que analice su proyecto con mucha gente. Que dedique mucho tiempo a hablar con gente para tener todas las posibles contingencias atadas, aunque deba asumir que siempre habrá “sorpresas”. También es importante que sea capaz de ser consciente de si tiene las competencias necesarias para embarcarse en esa aventura.

Una vez que todo esto está chequeado y se lance a la aventura yo le diría que no deje de formarse, de replantearse cada día las cosas y sobre todo, de disfrutar de la aventura, porque es una aventura. El día que deje de disfrutar de esto, que empiece a preocuparse. Cuando uno pone en marcha un proyecto propio en el que quiere reflejar todo lo bueno que hay en él, ha de ser para disfrutar, y si esto no ocurre, ojo, alarma. Algo no funciona bien.


Y ya para terminar, nuestra pregunta imprescindible: ¿Qué es para ti innovar?

Hacer las cosas de siempre de distinta manera. Pero hacerlas. No basta con pensarlas. Mucha innovación se queda en el powerpoint o en la Excel. Hay que actuar. Innovar viene del latín innovatio que es “la acción de crear algo nuevo”. ¿Ves?… Acción.

Mucha innovación se queda en el powerpoint o en la Excel. Hay que actuar. Clic para tuitear

Jaime Grau

Fabricante de experiencias y cazador de innovaciones. Siempre jugando, siempre aprendiendo. Diseñador de juego y co-fundador de Prisma.

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