Curso de gamificación en la formación

Lección 7: La gamificación en la formación, sólo si la comunicamos bien

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Seguro que tú tienes unas intenciones maravillosas con sistema para gamificar la formación en tu empresa: quieres que toda tu plantilla acepte mejor la formación para que puedan mejorar y no soportar clases aburridas y tediosas. ¡Pero eso no significa que tus empleados compartan tu misma visión!

Tus empleados van a pensar que esto es la tontería de la semana, como todas las tonterías anteriores que no han durado más de 5 días. Nos encantan las zonas de confort (incluso las poco reconfortantes) y rechazamos novedades, especialmente si vienen de los jefes porque ya sabemos cómo son estas cosas ¡Seguro que traman algo!

¿Qué podemos hacer? Para evitar esto tenemos que ser totalmente transparentes y sinceros, y convencerlos de que se trata de una herramienta o un sistema para facilitarles la vida, para que la formación sea más interesante y más estimulante (aunque en el fondo también exista un motivo para aumentar el retorno de la inversión de la formación, pero bueno, es un trato win-win).

Necesitamos una estrategia para que esto sea visto y acogido con buenos ojos, porque para que esto funcione el compromiso tiene que ser de toda la empresa, no solo tuyo (sí, de toda la empresa, también de los jefes que deberán dar ejemplo. Si los empleados ven que ellos no lo utilizan no van a creer que es bueno para ellos).

Para que entiendas mejor esto, vamos a explicar dos casos reales con los que nos hemos encontrado. No diremos nombres, pero ambos casos son reales.

Caso 1: Cómo no hacer las cosas.

La empresa 1 tenía un problema a la hora de medir y mejorar sus resultados e introdujo una variante de este sistema que presentamos para ellos. Sin embargo la adaptación no se aterrizó correctamente, y el software se introdujo como quien pone una máquina nueva de café en la oficina. Nadie sabía muy bien qué había que hacer y accedieron a utilizar la herramienta como si de una orden más se tratara Los resultados aun así fueron positivos, pero podrían haber sido muchísimo mejores si se hubieran comunicado bien.  

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Caso 2: cómo sí hacer las cosas

La empresa dos partió de una situación similar a la empresa 1, pero ellos sí dedicaron tiempo y esfuerzo a explicarles a los empleados el porqué ellos iban a ser los principales beneficiarios del nuevo sistema. Hicieron charlas, enviaron correos informativos, empezaron a usarlo primero los jefes para dar ejemplo, instalaron puntos WiFi en toda la empresa (era una fábrica, no una oficina) para que todos pudieran acceder a la herramienta desde sus teléfonos sin usar sus propios datos. El resultado fue un exitazo, incluso los empleados que estaban de baja utilizaban la herramienta desde sus casas. Los empleados descubrieron que la herramienta era mejor para ellos.

Moraleja de las historias: Ten a los empleados de tu parte y explícales los beneficios de la herramienta.

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A la hora de comunicar el sistema con los empleados lo más probable es que salgan tres preguntas espinosas:

¿Tenemos que obligar a los empleados a jugar?

No, no podemos obligar a los empleados a jugar. En el momento en el que obligamos a alguien a jugar, el juego deja de ser divertido y acabas con la motivación. Los empleados tienen que tomar la decisión de jugar por sí mismos.

Por otro lado, estamos hablando de una herramienta de trabajo. Que la herramienta esté gamificada no significa que la herramienta sea opcional como el juego. La postura que defendemos siempre con Zeppelean Academy es la siguiente: la parte formativa es obligatoria (aunque esté gamificada. Al igual que sería obligatoria si no estuviera gamificada y fuera una clase tradicional con sillas y una pizarra). Lo que es totalmente voluntario es la competición posterior.

Esta pregunta es más o menos fácil de responder. La pregunta más espinosa viene ahora:

¿Puedo jugar durante el horario laboral?

Hay empresas de todos los tamaños, formas y colores, por lo tanto no existe una respuesta universal que les encaje a todo el mundo. Aun así esta es la respuesta más universal que os podemos dar: Sí, los empleados deberían poder jugar en horario laboral, siempre teniendo en cuenta que existen otras prioridades que no son el juego.

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Las distracciones durante el trabajo van a existir, te guste o no. Puestos a pasar 5 minutos en Facebook o en Instagram, ¿no sería recomendable que pasaran ese tiempo en algo que sí sume a su rendimiento en la empresa? Porque tenemos que recordar que de eso trata la formación y la gamificación, de mejorar en el puesto de trabajo. Lo que no puede ser es que les vendamos que esto es súper positivo para ellos pero que luego les prohibamos utilizarlo durante el trabajo.

Además, si también has seguido nuestro anterior consejo, el juego es opcional. Eso significa que aunque puedan jugar en horario laboral, no deben dejar de hacer su trabajo. Otro gallo cantaría si los hubiéramos obligado a jugar porque podrían poner al mismo nivel la importancia de sus tareas diarias con el juego. Pero cómo es opcional no podrán excusarse con “no he hecho esta tarea porque estaba jugando, que también me has dicho que lo hiciera”.

Si finalmente el juego les gusta, acabarán jugando en casa fuera del horario laboral (la mayor parte de las partidas de Zeppelean Academy se hacen por la noche) o en sus descansos, pero eso siempre tiene que ser su decisión. No podemos exigirles que sacrifiquen sus horas libres por nosotros, porque la recepción puede ser muy negativa.

¿Y las recompensas? ¿Tengo que dar dinero?

Nuestra humilde recomendación: las recompensas ayudan a aumentar la participación. Ayudan mucho. Al final la gente participará por la propia competición y simplemente por el sentimiento de victoria, pero unas recompensas ayudan a encender la maquinaria y que todo arranque. Eso sí, nunca, pero nunca recomendamos que las recompensas sean premios en metálico. Estas generan algo de malestar y mal ambiente. ¿Por qué? Porque los trabajadores pueden pensar que esa cantidad de dinero es lo que valen para ti (y si la cantidad es pequeña en comparación con el sueldo les puede ofender). Tenemos un caso en el que las trabajadoras de la empresa en la que estábamos aplicando la gamificación apreciaban más una sesión de fisioterapia (con un valor de entre 50 € y 60 €) en lugar de 100 € en metálico, más que nada porque ellas nunca se gastarían 40 € o 60 € en ellas mismas (la mayoría eran cabezas de familia). Los detalles que rodean a la gamificación también son importante.

Como ves, es mucho más recomendable algún detalle que encaje con el perfil del trabajador (tarjetas regalo de tiendas, vales de gasolina, cajas de experiencia…) o incluso algo no material, como tener el día de tu cumpleaños libre. Hemos trabajado con empresas que han ofrecido este tipo de recompensas y la gente se moría por ganar el día libre.

Pero lo más importante: Da ejemplo. La Dirección es la primera interesada en que el sistema funcione, así que debe ser la primera en dar ejemplo y usarlo. Los empleados no van a comprar tu historia de “esto es bueno” si los que mandan no lo utilizan.

Ya que la comunicación es tan importante, Zeppelean Academy incluye una pequeña campaña de bienvenida donde se explican los beneficios de la herramienta, además de incluir algunos tutoriales sencillos para entender su funcionamiento.

¡Ya estamos preparados para el siguiente paso! ¡Analizar los resultados! Al gamificar la formación (y más si esta esta digitalizada) podemos obtener muchos datos relevantes. En la próxima lección te explicaremos cuáles.

Mientras esperas, te invitamos a saber más sobre Zeppelean Academy o pedirnos más información.

 

Oye… ¿quieres probar Zeppelean Academy? ¡Pídenos una demo! Podrás probarlo gratis durante 14 días.

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Jaime Grau

Fabricante de experiencias y cazador de innovaciones. Siempre jugando, siempre aprendiendo. Diseñador de juego y co-fundador de Prisma y Zeppelean.