Érase una vez una escuela que se dio cuenta de que la educación no estaba preparando bien a sus jóvenes alumnos para el mundo laboral, y tras muchas reuniones diseñó un plan de estudios diferente y alternativo para que la escuela se pareciera más a una empresa. Lo que sucedió a continuación te sorprenderá. Este es el cuento de la escuela que funcionaba como una empresa.

La primera decisión que se tomó fue que a partir de ese momento toda la comunicación se haría por email. Cuando los alumnos se incorporaran al entorno laboral tendrían que gestionar una inmensa cantidad de emails diarios, y debían acostumbrarse cuanto antes. Toda la comunicación se haría por email, incluso si alguien quería pedir permiso para ir al baño o si quería pedirle el plastidecor de color carne al compañero.

Pero había una excepción: las reuniones. Interminables reuniones aparecían por sorpresa en mitad de los horarios de los alumnos. En estas reuniones se trataban temas muy importantes para los profesores, pero los alumnos también tenían que asistir porque tenían que acostumbrarse a asistir a reuniones en las que no iban a pintar nada.

¡Pero que no se alegren estos alumnos! Una reunión no significaba que las clases desaparecían, de eso nada. El tiempo perdido en las reuniones debía recuperarse después de las clases, aunque no estuviera el profesor para impartir esa clase.

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Tampoco pasaba nada si el profesor no estaba. A veces eran los propios alumnos los que asumían esa responsabilidad e impartían ellos mismos las clases. De nuevo, la escuela estaba preparando los futuros becarios que asumirán las responsabilidades de perfiles senior pero sin cobrar.

el cuento de la escuela que funcionaba como una empresa

La verdad es que la escuela podría haber contratado a más profesores para realizar estas tareas, pero no tenía dinero. Todo el presupuesto escolar se había esfumado poniendo bien bonita la fachada del colegio y contratando a modelos que se hacían pasar por alumnos en las fotos de la página web (los alumnos de verdad eran demasiado feos).

A estas alturas estaréis pensando que quizá estas decisiones estaban afectando al rendimiento de los alumnos y estos no estaban aprendiendo demasiado. Pero nadie lo sabe aun. Los alumnos no paraban de hacer exámenes y deberes, pero en ningún momento se les daban las notas de estos exámenes, ni se les decía si los ejercicios estaban bien o mal. De nuevo los alumnos debían acostumbrarse a esas empresas en las que se realiza una única evaluación de desempeño al año (o ni eso) y en ningún momento tienen feedback o reconocimiento sobre sus esfuerzos en la organización. Los padres empezaban a pensar que esto era un poco estúpido. Los alumnos no sabían si tenían que estudiar más, si estaban haciendo un buen trabajo, cuáles eran las materias que tenían que reforzar… pero también es cierto que los padres entendían que si en las empresas las cosas se hacen así, su razón tendrían así que no cuestionaron esta nueva e innovadora metodología innovadora.

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No sabemos si al final este experimento prosperó ¿Pero sabéis qué? En nuestro día a día hacemos muchas cosas estúpidas que nunca nos cuestionamos, cosas que son tan estúpidas que en cualquier otro contexto nos parecerían una auténtica locura aunque en realidad las hagamos día sí y día también. Y los primeros que dejen de hacer cosas estúpidas y actúen con sentido común tendrán una ventaja enorme frente a los demás. ¿Quieres empezar a actuar con sentido común? Puedes empezar con una herramienta de desempeño gamificada que ayuda a los empledos a tener claros sus objetivos, que les proporciona información contínua sobre su rendimiento (ya sea para felicitarlos o para que se den cuenta de las áreas a reforzar) y que ayude a crear un buen clima laboral. Puedes empezar con una herramienta como Zeppelean.  

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Jaime Grau

Fabricante de experiencias y cazador de innovaciones. Siempre jugando, siempre aprendiendo. Diseñador de juego y co-fundador de Prisma.

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